Nevada
Nevada Hettie, muy madrugadora siempre, se excedió aquella mañana del miércoles en que habÃa de ir con Marvie a las «Quebradas».
TenÃa que realizar varios trabajos, algunos de los cuales acabó antes de que su madre la llamara a desayunarse. Aún estaba a la mesa cuándo la alarmaron grandes gritos. Al instante reconoció la voz de Marvie.
—¡Cielos! ¡Por lo visto, el pobre chico celebra la llegada del miércoles! —exclamó Hettie riendo.
Sin embargo, salió al porche, seguida de su madre.
—¡Por el amor de Dios! —dijo la señora Ide—. ¿Es que Marvie se ha vuelto loco?
La vieron correr alocadamente, sin nada en la cabeza, hacia la casa de Ben. Al llegar al otero, el muchacho vio a Hettie y con grandes ademanes le dijo a gritos:
—¡Mira hacia los campos!
Hettie lo hizo, mas los árboles le impedÃan ver bien y no observó nada anormal.
—¡Hurra! —gritó Marvie otra vez—. ¡Sal, Ben!
Hettie comprendió que algo debÃa de suceder y echó a correr para cruzar el puente. A medio camino vio que Ben salÃa de su casa en mangas de camisa y con un fusil en la mano.
—¿Qué pasa, Marvie? —exclamó.
—¡Qué ha vuelto el Rojo! —gritó Marvie.
