Nevada
Nevada Hettie —dijo Ben a su hermana, estando los dos en el porche de la cabaña, y abriendo los brazos a la belleza policroma del panorama de Arizona—. Un dÃa creà que RÃo Perdido, en otoño, era lo que más se parecÃa al paraÃso, pero… esto vale mucho más.
—¡Pero, querido Ben! ¿Cómo puedes hablar asà de RÃo Perdido? —exclamó su hermana, muy sorprendida.
—¿Acaso no es verdad? FÃjate bien en todo… ¿Qué dices de esta hermosura que nos, rodea?
—Ya hace tiempo, mucho antes de que llegara el otoño, que he sido infiel a nuestra California —murmuró Hettie con pesar.
—Hettie, no es infidelidad: No amo a nuestra antigua patria menos porque ame más a Arizona. Pero no puedo, su belleza es más poderosa que las circunstancias adversas. Escarcha todas las mañanas y, durante el dÃa, sol de primavera. FÃjate en las praderas de artemisa…, admira su color purpúreo. Contempla las colinas de las: estribaciones de la montaña. Cualquiera dirÃa que las han pintado. FÃjate en las manchas oro y escarlata de los bosques.
—¡Es muy hermoso, muy hermoso! —repuso Hettie.
