Nevada
Nevada Lize Teller se acercó lentamente, con movimiento ondulante de su esbelto cuerpo, que Nevada recordó aún mejor que la trágica expresión de su rostro. La vida habíala tratado, al parecer, con más dureza que nunca.
El vaquero se levantó y, quitándose el sombrero, le estrechó la mano.
—¡Jim Lacy! —exclamó Lize Teller con una voz que no manifestaba ni alegría ni sentimiento.
—¿Cómo estás Lize? —preguntó Nevada—. Creo que debes estar sorprendida de verme aquí.
—¿Sorprendida? Sí, porque creía que tendrías más sentido común.
—Lize, eso no está bien —repuso Nevada, asombrado—. La verdad es; que no entiendo lo que quieres decir.
—Siéntate, Jim —le rogó la muchacha; y al obedecer Nevada, ella se sentó en el brazo del sillón y se inclinó hacia él—. Te he estado buscando toda la tarde. Lorenzo te vio llegar a Lineville cuando te apeabas en casa de la señora Wood.
—¡Ya! Ahora comprendo por qué no te has sorprendido.
—Sin embargo, lo estoy. Sorprendida por el valor que tienes y más aún por tu aspecto. ¿Qué ha pasado? Has mejorado tanto que casi no te conozco.
