Odio de razas
Odio de razas Un día, cerca de un mes más tarde del día en que Maahenesie cayó enfermo, un hombre llegó al hagan con una carta destinada a Nophaie. El indio había hecho el recorrido desde Kaidab en diez horas. Nophaie tomó la carta, que estaba escrita a máquina y no llevaba dirección ni firma. Sin embargo, solamente con mirarla pareció conocer de quién procedía y que era importante. Después de recompensar al correo indio y de indicarle que le esperase, Nophaie se dirigió hacia la soledad reinante al pie de su cedro preferible y desplegó la carta.
«He ido tres veces a nuestro lugar de cita, una vez cada semana y en los días acordados, y me he desilusionado, disgustado y afligido por tu ausencia.
»He hallado a Withers hoy en su establecimiento, y me ha dicha que Maahenesie está moribundo. Me he entristecido mucho, y al mismo tiempo me he encontrado un poco consolada, porque sé que son sus cuidados la causa de tu ausencia. Withers me dijo que esperaría hasta que te hubiera escrito esta carta y que la llevaría a Kaidab, donde la entregaría a un mensajero especial. Es muy atento y muy bueno. Podemos tener plena confianza en él desde todos los puntos de vista. De este modo, puedo escribirte en la oficina del comerciante fingiendo, que esta carta es para la señora Withers. Créeme, las precauciones son imprescindibles. Ya estoy profundamente envuelta en los manejos subterráneos que se realizan en este horroroso lugar.