Odio de razas
Odio de razas - No. Creo que no he dicho nada más que la verdad -respondió Nophaie-. Es seguro que, algún dÃa, el hombre salvaje y el hombre civilizado que en mà viven entablarán una contienda. Mi Valle de los Muros Silenciosos es el más encantador… el más silvestre y más hermoso lugar… el más solitario de todo el desierto. Muros rojos y blancos, tan altos, que no pueden verse sus bordes… agua de deshielo rumorosa…, flores, hierbas y árboles… Si fueses conmigo, lo más probable serÃa que jamás te permitiera salir de allÃ.
- Me asustas -exclamó Marian riendo-. Veo que todavÃa conservas algo de tu brutal naturaleza de jugador de rugby. Pero, si las cosas marchasen bien… de todos modos, llévame a visitar a Gekin Yashi. ¿Lo harás? -¿PodrÃas ausentarte de aquÃ?
- Nophaie, no se me permitirá trabajar durante mucho tiempo en Mesa. Es probable que Blucher comprenda muy pronto mi naturaleza de dos caras -contestó Marian-. Pues no hay duda de que he utilizado todas mis astucias de:mujer para engañarlo.
- Bien; entonces te llevaré a mi Valle de los Muros Silenciosos.
Marian apoyó una mano en la de Nophaie y le miró rectamente al rostro; y después bajó la mirada con una evidente cohibición de sus emociones.
- Nophaie, Gekin Yashi te quiere.