Odio de razas
Odio de razas Unos cuantos desplazamientos a unos y otros hoganes demostraron a Nophaie que su situación entre los indios había experimentado un cambio de importancia. Al principio no acertó a comprender a qué causas debería atribuir aquel amistoso cambio de actitud, aquella favorable acogida que se le dedicaba. En el hogan de Etenia, a través de los celos de la hija de Etenia, le fue revelado el origen del aprecio que había conquistado: tanto ella como todos los Nopahs sabían que Nophaie había raptado a Gekin Yashi. A Nophaie le interesó mucho la re- velación, puesto que representaba un mal augurio para la reclusión de la Pequeña Belleza de la tribu. Al consultar al viejo indio, supo que la noticia había corrido con rapidez a lo largo y a lo ancho de aquellos terrenos, de jinete en jinete, de bogan en bogan, de boca en boca. Muy pronto estarían enterados todos los Nopahs de la gran hazaña de Nophaie…, que había raptado en Mesa a la. hija de Do Etin. Nophaie descendía de jefes; y era un verdadero jefe en lo que se refería a sabiduría v valor. El espíritu de los Nophas vivía aún. La gloria y los sueños habían desaparecido, pero todavía existía un hombre de los tiempos viejos, un caudillo. Etenia juró que no habría un hombre en toda la tribu que revelase el secreto de Gekin Yashi. Acaso alguno de los solazados y traicioneros Nokis, temerosos de Blucher y Morgan, descubriese el lugar en que se ocultaba Gekin Yashi. Pero todos los Nopahs se vanagloriaban de la hazaña de Nophaie. Nophaie era un héroe. Y era un indio mucho más grande que todos los demás, porque había utilizado su sabiduría de blanco para salvar a la hija del altivo Do Etin.