Odio de razas
Odio de razas - Por una vez, estamos de acuerdo -contestó Blucher -. Y, ¿qué me dice acerca del universitario indio? Morgan castañeteó los dedos rápidamente; pero la mano que había levantado tembló ante los ojos de Blucher.
- Ese indio ilustrado es el hombre más peligroso, rojo o blanco, de toda esta zona - dijo Morgan de modo sibilante -. ¡Déjelo a mi cargo!.
- Queda convenido - replicó Blucher.
- Envíe esta noche a sus hombres en busca de Do Etin - añadió Morgan.
- Sí; cuanto más pronto, tanto mejor. Y esa disposición obligatoria entra en vigor desde este mismo instante. Morgan caminó presurosamente a 1u largo de la ancha avenida, en dirección a su casa. Caminaba en la actitud de un hombre a quien sería peligroso encontrar en una senda estrecha. Aparentemente, todo lo que veía era la tierra endurecida que pisaba.
En su estudio se hallaba el indio cuya visita esperaba: Noki, un hombre alto, delgado, de piel muy oscura, de cabello negro liso, de ojos de penetrante mirada. El último servicio que el tal indio, había prestado a Moran consistió en la recuperación de Gekin Yashi. Era, desde hacía mucho tiempo, el espía e instrumento de confianza de Morgan.