Odio de razas
Odio de razas Cuando el indio hubo salido de su estudio, Morgan permaneció durante mucho tiempo sentado, sin moverse, hundido en sus pensamientos, con la frente contraída por una masa de pliegues y arrugas. Lo que le mantuvo sujeto fue un hábito de:su imaginación… una costumbre de inmovilizarse y abstraerse para discurrir acerca de todas las contingencias posibles, de fortificarse ¡contra lo inesperado, de esconder sus maquinaciones de estratega hábil para satisfacer sus monstruosos egoísmos. ¡Y ni siquiera una ligera vocecita turbó la conciencia de aquel hombre.
Finalmente, se puso de pie, al mismo tiempo que murmuraba en voz alta: -Eso;servirá para «pasar la apisonadora» sobre Blucher.