Odio de razas

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- Gekin Yashi, quédate - dijo al mismo tiempo que la detenía-. Voy a predicar solamente para ti, con el fin de que puedas llevar mi palabra a tus hermanas.

Aquella joven india no tenía un rostro impasible ni oscuro. Era el suyo un rostro pálido y agita-do, y, sin embargo, hermoso a causa de su limpio perfil, de sus, ojos pardos, de sus labios rojos. La chiquilla estaba temblando cuando Morgan la retiró de 1a, puerta. Repentinamente, Morgan la forzó a tomar asiento en un banco y se inclinó ante ella.

- Gekin Yashi, ¿sabes que tu padre ha muerto? - preguntó Morgan con voz aguda y ronca.

- ¡Oh!… No, señor - tartamudeó la chiquilla.

- Ha muerto. Lo mataron, anoche… Lo mataron porque ataco!a los hombres blancos que fueron a detenerle. Pero fue el pecado lo que lo mató. No quiso obedecer.

Morgan se detuvo. El rostro juvenil y dulce de Gekin Yashi cambió lentamente de expresión…, tembló, corriendo por sus mejillas las lágrimas que brotaban de sus ajos… y se cubrió de una sombra de temor, de sorpresa, de dolor. Luego, la joven inclinó sobre el pecho su cabeza.

- Tú huiste y te fuiste can los Pahutes -continuó Morgan-. ¿Quién te llevó? Gekin, Yashi no contestó.


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