Odio de razas
Odio de razas Mientras esperaba que se produjera el despido que suponía que habría de llegar, Mariana continuó trabajando como si nada desagradable hubiera sucedido. Pero, en realidad, ya no, le quedaba sino una mórbida curiosidad por los negocios de aquella escuela, gubernamental, y una fiel, obstinada, inquebrantable voluntad de ayudar a los indios.
Los días de otoño comenzaban a dar paso a los del invierno… Eran anos días claros, limpios, en los que la tonalidad del desierto cambiaba de modo casi imperceptible. Por la noche, el viento gemía y aullaba entre las ramas de los álamos. Durante el día, el sol brillaba en un cielo sin nubes, resplandeciente, que arrojaba sobre el desierto una luz cegadora.
