Odio de razas
Odio de razas Dejó a un lado la carta y abrió el segundo de las paquetes, más grande, más duro que el anterior, plano, más envuelto, metido en una caja de cartón. Esperaba hallar una fotografía, y no, sufrió decepción. Pero antes de abrir la cubierta salió de entre ella un:sobre que contenía fotografías instantáneas tomadas por la propia Marian en Mesa con su camarita. La mejor de todas las fotografías era la que representaba a Marian montando el blanco caballo mesteño que Nophaie le había, regalado. Todas eran buenas, y, no obstante, ninguna de ellas reproducía exactamente la imagen que él conservaba en la memoria. El desierta había obrado duramente contra Marian. Pero cuando Nophaie abrió el sobre grande vio un asombroso parecido can el rostro rubia que adoraba y recordaba tan bien. Era una hermosa fotografía tomada en Filadelfia, probablemente poco tiempo después de que Nophaie saliese del Este.
- ¡Benow di cleash! -murmuró. Y toda su rubicundez, cama de flor, pareció brotar con una luz hermosa del radiante rostro que la fotografía reproducía.
Cuando recomenzó la tarea de abrir los restantes paquetes halló en ellos libros, magazines, periódicas, hojas de papel, lapiceras y plumas, un pequeña neceser de costura de cazador, una cajita de medicinas, vendas, dulces, nueces, pastas y, finalmente, un, reloj de manecillas luminosas y su funda de piel. Marian no había olvidado incluir en el paquete algunas objetos indias.