Odio de razas
Odio de razas Nophaie llevó la carta de Marian a su lugar favorito de descanso v de sueños. No leyó su mensaje en las alturas, sino entre la ambarina sombra de,] desfiladero de los Muros Silenciosos.
Era un punto singular, una sección estrecha del desfiladero donde el muro occidental se inclinada para acercarse al oriental, lleno de cavernas; entre los altivos bordes superiores de ambos se divisaba una estrecha franja azul de cielo. Allí, el desfiladero volvía nítidamente hacia la izquierda en primer lugar, y después hacia la derecha, con lo que producía una extraña impresión de profundidad. El arroyo murmurador, de agua clara y verdosa, corría al pie de las dos elevaciones. Junto a uncí de los muros se extendía una de las orillas, cubierta ele musgo, de hierbas fragantes, secas, grises. Las hojas de los algodoneros no se habían despojado aún de su tonalidad otoñal. Y el sonido era allí fantástico, armonioso, profundo, y los ecos lo multiplicaban. Nophaie halló su habituad asiento y procedió a abrir la carta de Marian en tanto que su corazón latía atropelladamente. ¿Se encontraba, verdaderamente, allí… en la soledad del desfiladero… el proscrito Nopah indio… con la carta de una mujer noble v amante entre las manos… la carta de una mujer perteneciente a una odiada raza…?
«Queridísimo Nophaie:
