Odio de razas
Odio de razas »Aun cuando pudiera escribirte tanto como pueda contener un libro, no podría llegar a expresarte cuanto deseo decirte. Mi despedida llegó poco tiempo después de tu visita. En realidad, estuve encargada del despacho hasta el momento en que Morgan y Blucher salieron de su encierro. Y entonces sufrí los efectos de la «apisonadora», sin recibir la paga de un mes que debe acompañar a los despidos. Y me alegro de que así haya sucedido, puesto que de este modo dispongo de un pretexto para volver a la oficina, lo que he hecho regularmente desde que vine a residir con los Paxton. Son dos personas muy amables, cariñosas, y me han permitido que pague mi estancia y manutención. Ayudo en ocasiones en el trabajo del alma- cén, y de este modo puedo continuar mi estudio de los indios. Aquí he logrado disponer de un nuevo punto de vista para el examen de las cuestiones relacionadas con la colonia india.