Odio de razas
Odio de razas Nophaie se despidió del desfiladero de los «Muros Silenciosos». Desde la entrada oriental - en la altura, sobre el estrecho hueco que se abría entre los quebrados riscos miró hacia abajo, hacia el gran valle verde, con sus ondulantes confines rojos, para fijar eternamente en la memoria aquel recuerdo. Una impresión de frío y de desmayo -¿era no, temblor o, acaso, un desfallecimiento del corazón? - le asaltó. ¿Sería cierto el presagio de que jamás volvería a soñar bajo aquellos muros silenciosos y fulgurantes? Nophaie intentó deshacerse del vago pensamiento.
Withers y sus acompañantes recorrieron velozmente la distancia que los separaba del campamento de los Pahutes, donde pernoctaron. Nophaie comenzó allí mismo su labor. Ninguno de los pocos Pahutes que se hallaban presentes, sin embargo, se incluyó en los limites prescritos de las demandas de la guerra.
Otro día llevó a Nophaie y el comerciante a das tierras altas en que moraba Etenia. El viejo Nopah tenía hijos y parientes, ganados y caballos en, mayor cantidad que cualquiera otro de los indios de la colonia. Era importante que accediera a obrar de acuerdo con lo que Withers había llamado inscripción.
