Odio de razas
Odio de razas «¡Oh! ¡Si pudieran verme en este momento!», murmuró para sí misma en tanto que se arrebujaba con el cálido abrigo y miraba hacia el exterior para ver la maravillosa pendiente cubierta del verdor de los árboles. Y pensó en las personas de su tierra, que se habrían espantado si hubieran conocido su atrevimiento y su decisión. Acaso fuera aquél el momento de la separación. Pero, como quiera que fuese, por encima de los recelos y de los desafíos de Marian, vibraba una sutil vocecita de alegría.