Odio de razas
Odio de razas Un automóvil zumbó en la carretera de Copenwasihie y se detuvo ante el establecimiento. Dos hombres blancos, además del conductor, lo ocupaban. Uno de ellos era Blucher. ¿Se había afilado su rostro? Nophaie percibió la exaltación repentina de su propia sangre. Blucher y su acompañante descendieron del automóvil, subieron las escaleras de piedra, en tanto que mantenían una animada conversación que Nophaie no podía oír. Pero cuando el superintendente pasó junto a él para entrar en el establecimiento, Nophaie podría haberlo agarrado si hubiera estirado el brazo.