Odio de razas
Odio de razas »Ante todo, he de decirle que su relación de las, actividades de las gentes del Este y de las reacciones provocadas por la guerra me ha impresionado profundamente y me ha hecho desear hallarme en mi terruño -pues yo también soy oriental-; y, sin embargo, me ha forzada a dar gracias a Dios! por hallarme a campo abierto.
«Fuimos trasladados a este lugar, como usted sabe, y salimos de Mesa sin pena ni lamentaciones, no siendo a causa de las pocas amistades verdaderas que allá hemos dejado. Hemos tenido, en medio de todo, la suerte de quo no se nos haya separada del servicio. Los males que a mi esposo han causado Blucher y Morgan no han sido todavía reparados, y jamás lo serán.
»Blucher - y supongo que se alegrará usted de saberlo- ha refrenado su abierta pangermanismo. No sé quién o qué le habrá asustado. Mis amigos me dicen en sus cartas que la reacción de Blucher ante el temor que ha experimentado se ha traducido en una entrega a la realización del trabajo de la colonia que le está encomendado. Pero no durará mucho tiempo como superintendente. Muy pronto lo pasarán por la apisonadora».
»No obstante, Morgan sigue en su actitud de triunfador intangible. ¡Qué monstruo es ese hombre! Es completamente inconcebible que un demonio tan fanático como él pueda tener tanta autoridad sobre tantos y tan buenos misioneros.