Odio de razas
Odio de razas »King Point no es una población como Mesa. Mesa me gustaba mucho, a pesar de cuanto sufrà en ella. Esta ciudad está en las alturas del desierto, a más de siete mil pies de fa llanura. Es estéril, frÃa y está azotada por unos vientos terribles. La nieve del pasado invierno falló. ¡No cayó! Pero también aquà hay belleza. Grandes riscos rojos, grandes elevaciones pobladas de cedros, dunas siempre cambiantes con el viento, mesetas amarillas, grandes: ex- tensiones inclinadas… Sin embargo, la soledad, el frÃo y los vientos plañideros son terribles, temibles. La gripe cayó sobre nosotros en los últimos dÃas de invierno, lo que ha constituÃdo una circunstancia afortunada. Si no hubiera llegado la primavera, creo que toda la población de la ciudad, treinta y seis personas, habrÃan perecido.
»Lo mismo que todos los demás, también yo caà enferma. ¿Puede usted imaginarse cuáles serÃan mis trabajos? Hube de encargarme del cuidado de todos los enfermos antes de la llegada del doctor y después de su marcha. ¡Pobrecitos niños indios! ¡Cuán enfermos estuvieron! Apenas me fue posible disponer del tiempo preciso para comer, y mucho menos para dormir. Y cuando llegó la mejorÃa, nos me pareció que lo hizo demasiado pronto…