Odio de razas
Odio de razas Si la felicidad hubiera podido ser suya, le habría llegado allá, en el desierto que la había cambiado hasta cierto punto, y en el trabajo que había escogido para sí. Pero no podía ser verdaderamente feliz. Nophaie le escribía de tarde en tarde. Se hallaba en algún lugar de Francia». Sus cartas eran censuradas, y Nophaie escribía muy poco acerca de sí misma. Marean vivía con el constante temor a no volver a tener noticias suyas… a que muriese; pero no la atormentaba la idea de que fuese herido, puesto que sabía que Nophaie era un indio para quien las herirlas carecían de importancia y nada significaban. No podía desechar el mórbido hábito de leer todas las noticias de guerra. Tenía sueños terribles. Odiaba a los alemanes a cada momento más y más. Ni siquiera la tranquilidad del desierto y su virtud sosegadora podían anular sus emociones bélicas. 1,a vida no parecía haberse detenido, mas sí su corazón. Marian sufrió, obtuvo el mejor provecho posible de su contacto con los indios c hizo un esfuerzo por no perder la fe ni la esperanza. Pero el largo verano se arrastraba lentamente, v durante él Marian tan sólo halló el alivio pasajero de una corta visita a la fría v montañosa altitud de Flagerstown.
Con el fin del verano pareció llegar un fin a la monótona vida, desprovista de acontecimientos, de Marian.