Odio de razas
Odio de razas Solamente una mirada a la región de las tierras altas bastó para que su espíritu reviviese. No debería permitir que desfalleciese. Cada día incrementó un poco más la renovación de su valor, y con ello y con el enfriamiento de la temperatura, aumentó rápidamente su energía.
Withers halló la ocasión propicia para una corta ausencia de Kaidab. Su compañero, Colman, dijo que los negocios flaquearían en vez de crecer. El declinar de la fortuna de los Nopahs se iniciaba. El precio de la lana había descendido continuamente; no se recibían demandas de cestos o de mantas. Los indios habían sido excesivamente pródigos e interpretaban torcidamente la circunstancia de que el precio de su lana descendiese en tanto que el de las mercancías del comerciante se elevaba.
- Se encuentran ante el invierno más duro v difícil de cuantos hayan conocido en este desfiladero -dijo Colman.
- Es cierto - contestó Withers pensativamente-. Y si esa enfermedad de la gripe se apodera de la colonia cuando llegue el frío, todo habrá concluído.
- ¿No acabará jamás esa guerra? - dijo, suspirando, la señora Withers.
- ¿Terminar? Ya ha terminado. Los alemanes están perdidos. Lo único que pueden hacer ahora es aplazar la capitulación. No podrán resistir un invierno más - contestó el comerciante.