Odio de razas
Odio de razas - En ese caso… ¿Nophaie salvó las vidas… a Morgan… a Blucher… y a Glendon? - exclamó la esposa del comerciante.
- Asà es - contestó amargamente Withers -. Es una cosa que no puedo comprender completamente… Presbey llegó a1: calco de unos momentos, y decidimos instalar a Nophaie en su automóvil, que es más espacioso que el mÃo. Llegarán ele un momento a otra.
Muda y emocionada, agitada por una convulsión quo le oprimÃa el pecho, Marian corrió a su habitación, cerró la puerta y bajó las persianas. Necesitaba oscuridad. QuerÃa esconderse aun para su propia vista.
Luego, en la penumbra de la pequeña habitación de adobe, sucumbió al furor de una mujer que, por una vez en su vida, revertÃa a los instintos primitivos.
¡Oh! Yo misma serÃa capaz de matarlos con mis propias manos», se dijo ahogadamente. No sabÃa que en su interior existiesen tales negras profundidades. Se creyó más posesa de furor que una madre a quien hubiesen arrebatado su hijito. Solamente anhelaba destruir. Si no hubiera sido por el desmayo que se apoderó de ella, habrÃa sido capaz de maltratarse fÃsicamente a sà misma.