Odio de razas
Odio de razas Marian se cubrió el sofocado rostro con las temblorosas manos. No le mortificaba que aquella buena mujer conociera su secreto; mas la verdad pronunciada en voz alta, las palabras crudas, el hecho inevitable de que todo no era un sueño, asaltaron su corazón. Nophaie la quería. Lo había confesado a aquella noble amiga de los indios.
- Marian: no se avergüence del amor de Nophaie - continuó suplicantemente la señora Withers-. Nadie lo conoce. John lo sospecha, pero no tiene seguridad. La comprendo a usted… Comprendo sus sentimientos… y sé más. Sé que usted no se hallaría aquí si no quisiera a Nophaie.
- ¡Sí…, es cierto…, le quiero! -dijo Marian agitadamente mientras se descubría el rostro -. Se ha engañado usted. No me avergüenzo. Solamente ha sido la sorpresa de oírlo decir…, de saberlo…, lo repentino de su desvelamiento…
- No se preocupe por mí…, ni de que lo sepa todo - replicó la otra mujer-. Estamos en el desierto. Se encuentra usted entre gentes primitivas. Aquí no hay nada complejo. Lo que haya en usted de falso, se desprenderá como escamas muertas.