Odio de razas
Odio de razas - Y ¿me ha dicho usted que no tiene parientes cercanos ni ligaduras? - preguntó la señora Withers al mismo tiempo que ponía en Marian la mirada de sus magnéticos ojos.
- Ningún pariente próximo ni ligaduras.
- Y ¿que estaba usted cansada de la vida artificial…, de las costumbres modernas… y todo eso…?
- Ciertamente, lo estaba.
- Y verdaderamente, ¿tiene usted el anhelo de volver a la vida sencilla y natural?
¡Anhelo! - exclamó Marian casi apasionadamente, arrastrada hasta perder el equilibrio por el poder penetrante que aquella mujer poseía para conmoverla-. No…, no sé lo que es. Pero creo que, bajo mi piel rubia…, ¡soy una salvaje!
- Y ¿tiene usted algún dinero?
- ¡Oh! No soy rica; pero tampoco soy pobre.
- Y quiere usted a Nophaie… ¿Está segura de que jamás podrá querer a otro hombre…, a un hombre blanco?
- Le… le quiero terriblemente - susurró Marian -. ¿Cómo podría predecir el porvenir?