RÃo perdido
RÃo perdido —Hablas… como un libro —dijo Ben incrédulo, aunque emocionado. Lo que en las últimas veinticuatro horas habÃa sucedido era demasiado para su carácter amargado. Estaba ablandándose y no podrÃa resistir a Nevada, Hettie e Ina Blaine juntos, si insistÃan en decir todos lo mismo.
—Tú espérate hasta que veas a Ina.
—Hettie, yo la he visto ya. La encontré esta tarde en Hammell. Me rogó que la esperase aquà porque iba a venir a verte.
—¡Caramba, caramba! ¡Qué suerte has tenido! ¿Y no te prueba eso lo que acabo de decir?
—No prueba sino que Ina es tan buena como antes. He sabido mi desgracia y arriesga su buena reputación para demostrar que sigue creyendo en su antiguo camarada.
—¡Qué camarada ni qué niño muerto! —exclamó Hettie con calor—. Tú y ella habéis sido novios. Yo te digo que Ina te ama; yo sà lo sé, aunque nadie más lo sepa.
—Por el amor de Dios, Hettie, no digas tonterÃas —dijo Ben con pasión—. Me volverás loco.
—¿Es que la amas aún?