Río perdido
Río perdido Trabajaban toda la jornada, con paciencia, sin cansar se nunca. Hubo caballo que durante el procedimiento se hirió o se causó alguna cojera, pero ninguno llegó a baldarse. La parte más dura de la tarea fue la de llevar los caballos medio domados hasta los pastos de Ben. Nevada logró conducir cuatro cada vez; en cambio, Modoc y Ben tenían su trabajo para llevar, sanos y salvos, tres.
Una vez fuera del corral, los caballos echaban a correr, poniendo en tensión el lazo que los sujetaba, y arrastrando a sus captores tras sí en peligrosa carrera. Corrían hasta quedar exhaustos, y después resultaba difícil y penoso arrastrarlos hasta su destino. Cada viaje costaba medio día, tras lo cual los hombres descansaban y, montando en caballos frescos, volvían al campamento.
Ben perdió la cuenta de los días que pasaban; sin embargo, sabía que había llegado el verano, porque cada día era más grande el calor y, por ende, aumentaba también la sequía. La situación, por lo que concernía al ganado vacuna y caballar en los campos y prados, era cada vez peor. Si no venían aquel año las lluvias otoñales, era imposible que los animales pudiesen sobrevivir.