RÃo perdido
RÃo perdido ¡Zonk… honk… honk…! Las roncas notas interrumpieron el sueño de Ina Blaine. Abrió ésta los ojos, y a la vaga luz grisácea de la montaña no se dio cuenta de dónde se hallaba. ¡Honk… honk… honk…!
—¡Oh, los, patos silvestres! —exclamó de pronto con alegra—. ¡Estoy en casa… otra vez en mi casa! Durante el tiempo en que Ina estuvo ausente, en el colegio; nunca habÃa oÃdo el melodioso, grito de un pato silvestre. Hasta se habÃa olvidado de los más señalados hechos de la vida selvática del lago Tule, pero una vez oÃdo de nuevo el simpático grito, ¡cuántos recuerdos dulces de su infancia acudÃan a su memoria! Era la bienvenida a su casa. Aquel sonido era en cierto modo una pequeña compensación por la pérdida del lago. Ina habÃase asombrado, disgustándose al mismo tiempo, al ver aquella ancha llanura de campos verdes y amarillos, cruzados por innumerables acequias, donde un dÃa le sonreÃa la plateada superficie del lago Tule cual brillante espejo ovalado entre las grises colinas de artemisa y los negros campos de lava. El lago Tule habÃa desaparecido. El hecho parecÃa cambiar hasta el aspecto de la elevada y blanca cúspide del Monte Shasha.
