RÃo perdido
RÃo perdido El resto de aquella mañana, que habÃa comenzado con tanta emoción, fue para Ina un largo y odioso perÃodo de espera. Pasó la mayor parte en su tienda, echada, cubierto el rostro con una manta para evitar la luz.
Un poco antes del mediodÃa, Marvie, de acuerdo con sus instrucciones, regresó, llamando a la puerta.
—Ina…, que vienen —dijo, de mala gana.
—¿Tienen…, traen a Ben? —preguntó la joven des cubriendo la cara.
—SÃ. Aún está muy abajo en el camino, pero lo he Visto con los gemelos. Tienen a Ben y al indio.
—Voy. Es preciso que esté allà —balbuceó Ina levantándose.
—No faltaba más, a pesar de que será terrible. Espérate a que veas a Setter…, fuma un gran puro…, se hincha como un pavo y se frota las manos de gusto cuando cree que no le ven.
Las palabras apasionadas de Marvie actuaron de tónico para Ina; ésta sintióse de pronto valiente y decidida. Se arregló el pañuelo y salió.
Marvie la vio venir hacia él con mirada de orgullo y confianza.
