Río perdido
Río perdido Ben Ide montó su caballo gris y, cruzando el Río Perdido, se dirigió hacia el Norte, muy preocupado. Reguló el paso de su caballo para llegar a Hammell a media tarde, pero el animal no estaba habituado a avanzar con lentitud y Ben, ensimismado en su vano arrepentimiento y desesperado anhelo, olvidóse de sujetarlo.
Al mediodía llegó a la divisoria entre las montañas y, desde allí, echó la mirada atrás contemplando la región en medio de la cual estaba el lago Claro y, en el lado opuesto, una manchita, que era su cabaña.
—¡Qué hermosura de país! —exclamó—. Me disgusta que la civilización se apodere de él, mas es preciso. Con ella vendrá mi oportunidad de apropiarme del valle del Río Perdido.
