Senda de héroes

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Los miembros del grupo de Slyter estaban siempre demasiado hambrientos para hacer hincapié en la falta de variedad de platos. El principal elemento para la comida lo proporcionaba la ternera, alternada con piezas de caza; el dumper, té, frutas secas y legumbres constituían los otros alimentos básicos, y, cuando se presentaba la ocasión, Bill, el cocinero, preparaba unos pasteles sorprendentes. Sterl comprendía que los vaqueros bebían demasiado café; algunas veces diez tazas por día. Él y Red se habían acostumbrado a tomar té, pero se limitaban a beberlo sólo en dos comidas al día.

—Hace diez días que no hemos hablado con Stanley —dijo Slyter después de la cena—.

Ven conmigo, Hazelton.

El campamento de Dann se hallaba en plena actividad. Una de las carretas se sostenía por medio de puntales mientras engrasaban los cubos de las ruedas: los martillos golpeaban vigorosamente sobre otra que había sido en parte descargada; las tiendas estaban en proceso de erección; un fornido vaquero partía leña para la lumbre... Red estaba sentado en el suelo, al lado de una hamaca sobre la cual yacía Beryl escribiendo su diario.

Dann, el rubio gigante de las barbas de oro, saludó a Slyter y a Sterl con una ruidosa bienvenida.

—¿Estáis enterados de que ordené permanecer aquí una semana? —les preguntó.


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