Senda de héroes
Senda de héroes En seguida escogió asiento al lado del conductor mientras Red subía de un salto a la parte trasera. Pocas preguntas bastaron para enterarse de que Slyter había partido a la del alba con su tartana de dos caballos. Jones cogió las riendas y dirigió la procesión de carromatos y carretas hacia el camino.
Pronto quedó atrás la ciudad. Unas cuantas alquerías y huertas bordearon el camino por espacio de varias millas. Después, la carretera, en cuyo centro corría una franja de hierba amarilla, se internó en la manigua de verde, de oro y de bronce. Jones les informó que tenían ante sí un viaje de diez días o más, por una ruta en general llana, por buenos parajes, con agua y hierba en abundancia, caza a discreción, mosquitos a millones y serpientes peligrosas.
—¿Serpientes peligrosas? —repitió Sterl con desaliento.
No es que les tuviera miedo, puesto que había aplastado de un pisotón a más de una sierpe crótalo que pretendía apartarse de sus botas; pero la información no le causaba mucho regocijo.
—Oiga, Rol, ¿es cierto? —intervino Red. El muchacho no temía a los hombres, ni a las bestias, ni a los salvajes; pero sentía un terror mortal por esta clase de reptiles—. Esas noticias son terriblemente malas. ¿Y qué clase de serpientes?