Senda de héroes
Senda de héroes —Veo que te gustan los pájaros —le dijo Jones—. A mà también. Para los australianos es casi un deber, puesto que poseemos centenares de especies maravillosas. El pájaro lira de la maleza es capaz de imitar cualquier sonido que oiga. La señorita Leslie Slyter los adora. Sabe también dónde habitan. Quizás al apuntar el dÃa os lleve a escucharlos.
En este punto, Red Krehl fue todo oÃdos. Cualquier cosa en el mundo que se relacionase, aunque fuera remotamente, con las mujeres, encontraba siempre eco en el pecho del vaquero.
Al poco rato el camino abandonó la manigua para desembocar en una gran extensión de terreno libre, poblado solamente acá y acullá por árboles de gran tamaño. En mà altozano se levantaba una casa construida con plancha de hierro acanalada. Jones le dio el nombre de estancia para ganado, pero Sterl trató en vano de descubrir las reses. Red, por su parte, comentó:
—Brilla como un dólar entre la niebla.
Viendo que la hierba y las matas cubrÃan densamente las ondulantes colinas, Sterl dedujo que el ganado australiano debÃa de ser tan amigo de dormitar como de pacer.