Senda de héroes
Senda de héroes Dócil al mandato de su jinete, Lady Jane hizo alto al lado de Sterl. Del cuerpo del caballo se escurrÃan hilillos de agua, y la muchacha iba mojada hasta la cintura. En sus ojos habÃa un brillo ardiente de entusiasmo.
—Niña, ¿te has echado a nado al rÃo por diversión? —preguntó Sterl.
—Me lo mandó papá —respondió ella jadeando—. No podrÃamos atravesarlo. La corriente es demasiado profunda, y las márgenes muy empinadas. Papá dice que nos darÃa mucho trabajo. Stanley Dann ordena que la manada continúe por esta parte y que la desviemos hacia allá, dos millas más arriba, donde la orilla es más suave.
Sterl hizo observar muy serio:
—Leslie, tendrÃas que habernos encontrado cinco millas antes, por lo menos. Estos bueyes se mueren de sed; están cansados y mohÃnos. Si perciben la humedad del agua...
—Cuando la perciban, sà —interrumpió Red—. Apresúrate, Sterl. Es preciso que seamos rápidos. Ven, Larry. Intentaremos guiar a los bueyes que van en cabeza para que suban en dirección contraria a la corriente sin acercarse a la orilla.
Sterl, seguido de Leslie, puso a King, en dirección a la retaguardia y advirtió a los otros vaqueros, a grandes gritos, de las órdenes de Dann.
