Senda de héroes
Senda de héroes La vanguardia desaparecÃa de la vista para reaparecer más allá, partiéndose alrededor de los grandes árboles y hundiéndose por el margen en una larga cascada que azotaba el agua con tremendo golpe, junto a la orilla, de unos veinte pies de altura, se produjo un remolino triturador. Los que cayeron primero no tenÃan ninguna posibilidad de levantarse, sustrayéndose al choque de las lÃneas que seguÃan; pero después de unos momentos, por entre los surtidores de agua aparecieron cabezas de animales que se pusieron a nadar alocadamente rodando en cÃrculo mientras el fantástico derrame de pesados cuerpos continuaba. Sólo algunos se lanzaron hacia la orilla opuesta. Los rugidos disminuyeron de volumen, se transformaron en otro sonido diferente: el mugido prolongado de un rebaño presa del frenesÃ.
El imperturbable Red fue el primero en recobrarse. Liando tranquilamente un cigarrillo, exclamó:
—¡No ha ido del todo mal! ¡Es indudable que Dios todopoderoso está de parte de Stanley Dann! No habrÃa dado un puñado de pesos mejicanos por ese rebaño. Y helos ahÃ, en el rÃo, y la mayor parte nadando y vadeando sin novedad.
—¡Muchachos —exclamó Drake—, un puente de ganado ha salvado a nuestra vacada!
—¡SÃ! ¡Ese puente estaba formado por la de Ormiston! ¡Él, que no querÃa permitir que sus bueyes se mezclasen con los de Dann!