Senda de héroes
Senda de héroes Stanley transmitió la orden a sus hombres. Después se volvió hacia los vaqueros sin aquella seguridad y firmeza de costumbre.
—Si dan alcance a Ormiston y a sus vaqueros, entonces... ¿habrá violencia? continuó, engullendo saliva con dificultad. Sobre este particular se encontraba en terreno extraño.
—Por los cuernos del diablo, patrón! —estalló el vaquero—. ¡Por poco Ormiston no mata a su hermano!¡Asesinó a uno de nuestros vaqueros, corrompió a un puñado de los suyos y ha saqueado su ganado! ¡Y en cuanto a Beryl..., yo le juro que la cosa es peor que si la chica se hubiera ido con él! ¡Diablos, no! ¡No habrá ninguna violencia! Le presentaremos nuestros respetos, tomaremos unos sorbitos de té con él y... —aquà Red perdió la voz.
—¿Qué queréis hacer? tronó Dann, inflamado por la zahiriente ironÃa del vaquero.
Sterl, puestas ya las botas y las espuelas, se levantó para encararse con el jefe. Su tono era tan frÃo como exaltado fue el de Red.