Senda de héroes
Senda de héroes ¡La tercera y última carreta! Ésta había quedado medio atravesada sobre las rodadas de las anteriores. Los caballos atados detrás daban saltos. A pesar de la distancia y de la lluvia menuda, Sterl reconoció a Jester. El asiento del cochero estaba vacío. ¡Nadie a la vista! Mas otro disparo estalló. ¡El vaquero estaba vivo! Sterl lanzó a King hacia el vehículo a una velocidad tremenda.
De pronto, al frente y algo a la derecha, los ojos del muchacho percibieron indistintamente la mancha de tres colores que resaltaban: blanco, rojo y negro. Delante mismo, se abría un terreno claro, en el cual un enorme gomero cubría la carreta dejando caer una rama hasta el suelo. Y, por entre el delgado follaje el objeto blanco se movía. Entonces un penetrante y agudo alarido de mujer desgarró el aire.
Sterl se echó hacia atrás tirando de la brida con toda su fuerza. King penetró de un salto en el claro barriendo casi el suelo con la cola. En medio del espacio libre yacía Red con la sien ensangrentada, apoyándose sobre el codo izquierdo y apuntando con el revólver en extraña postura. Sterl saltó de la silla rápido como el rayo.