Senda de héroes
Senda de héroes La muchacha se puso en pie de un salto, permitiendo con ello que Sterl observara que era de talla mediana, esbelta y fuerte, aunque dotada de formas redondeadas, que el atuendo de muchacho no conseguÃa disimular.
—Tú eres el vaquero yanqui de papá, ¿verdad? Pero no el pelirrojo.
—Yo soy Sterl Hazelton —replicó el muchacho—. Me alegra el haberla encontrado, señorita Leslie.
—Gracias. También a mà me alegra. Papá ha estado cuatro dÃas en casa, y yo apenas podÃa esperar —añadió la muchacha, sonriendo con sus ojos claros maravillosos que le examinaron de pies a cabeza.
—Subà en busca de un lugar adecuado para nuestra tienda. ¿Hay inconveniente en plantarla allá, debajo de aquel árbol?
—Ninguno, por supuesto. Pero en casa tenemos una habitación sobrante.
—No, gracias. Red y yo no sabrÃamos dormir entre paredes.
—Descendamos. Quiero conocer a Red. ¿Habéis tenido buen viaje?
—Fue simplemente magnÃfico. Nunca me sentà tan fuerte y resistente.
—¡Oh, qué bien! ¿Te gustará Australia?
—Me gusta ya. Y Red tampoco sabe disimular cuánto le agrada este paÃs.
