Senda de héroes
Senda de héroes Friday, que trotaba al lado del caballo de Sterl con las lanzas y la wommera en la mano, volvÃa la cabeza a menudo para mirar hacia atrás. No era posible creer que hubieran perdido de vista definitivamente a la extraña y guerrera tribu de aborÃgenes. Según Slyter, los ataques diurnos eran extremadamente raros. La primera hora de la aurora habÃa sido siempre la más propicia para los asaltos de los negros y, quizá, la más adversa para los vaqueros, puesto que los guardias, cansados, estaban más expuestos a caer dormidos.
Hacia la puesta del sol Slyter dejó que su esposa guiara la carreta y se adelantó a caballo, con el evidente fin de escoger un paraje para acampar. Además de la hierba, el agua y la leña, la necesidad imperiosa que era preciso exigir a un paraje para acampar era que los aborÃgenes no se pudieran acercar a él a escondidas. Cuando, finalmente, ordenó hacer alto, el sol se habÃa puesto ya. Tres grandes gomeros señalaban el punto escogido. A una distancia de unas cien yardas en dirección al rÃo, crecÃa un denso bosque enmarcado por matorrales aislados. El resto del paisaje estaba formado por llanuras horizontales cubiertas de hierba.
—De ahora en adelante, cada uno hará el trabajo de dos hombres —ordenó Dann—. La señora Slyter y las muchachas se harán cargo de las raciones y de la cocina. Los hombres las abasteceremos de leña y lavaremos los platos.