Senda de héroes
Senda de héroes Por espurio de varias semanas habÃan avanzado siguiendo el lecho de un rÃo. Aquà y allá, separadas por varias millas una de otra, encontraban hoyas de agua clara en parajes roquizos. La hierba requemada se habÃa vuelto escasa, pero era nutritiva. Si el ganado podÃa beber cada dÃa o cada dos, sobrevivirÃa; aunque muchas de las reses más débiles se desplomaban a la orilla del camino. Era preciso arrancar de las cercanÃas de las balsas a las vacas que tenÃan novillos recién nacidos, y cuando éstos caÃan, las madres se negaban a abandonarlos. Algunas mañanas, la caravana quedaba detenida a causa de los caballos que se extraviaban. Algunos se perdieron definitivamente. Dann no querÃa malgastar tiempo en seguirles las huellas. El calor se hacÃa más intenso.
La carayana habÃa llegado a una situación casi caótica cuando los vaqueros alcanzaron una zona de formaciones rocosas en la que se sucedÃan una serie de balsas de agua cristalina, una de las cuales alcanzaba las dimensiones de un estanque.
—¡Maná en el desierto! —gritó Stanley Dann, lleno de gozo—. ¡Acamparemos aquà hasta que vuelvan las lluvias otra vez!