Sombreros gemelos
Sombreros gemelos —¡Hola, Hank! —dijo Brazos—. Llevas el revólver lo mismo que en los tiempos antiguos...
—Te has vestido de toda gala, granujilla —exclamó Hank alegremente—. Brazos, pareces un señorito.
—¿Cómo marchan las cosas por aqu�
—No van mal del todo. Pero no hay necesidad de apresurarse para decirlo. Espero que hayas tenido mejor suerte que yo.
—Hank, he averiguado muchas cosas. Pero no puedo decir si nos serán de mucha utilidad... Ven conmigo. Tengo algo para las gemelas.
Ambos entraron en el restaurante y encontraron a June y Janis excitadas y resplandecientes, olvidadas por una vez de sus deberes. Brazos se inclinó galantemente ante ellas y luego las miró repetidamente a una y a otra, con gran ansiedad.
—¡Bien! Tres semanas no han alterado nada. Continúo incapaz de saber quién de ustedes es una y quién es la otra. Lo único que podrÃa decir es que están ustedes todavÃa más guapas.
Miren: las he traÃdo algo de Kansas —y abriendo la maleta sacó de ella dos grandes cajas de golosinas atadas con cintas y entregó una a cada muchacha.