Sombreros gemelos
Sombreros gemelos El acontecimiento de todos los domingos era la llegada y la partida del tren de la tarde, que daba origen a una reunión social de Las Ánimas tan grande como ninguna otra, con excepción de las fiestas en que había bailes y las de los centros de enseñanza. No había iglesia.
La multitud se presentaba vestida con sus mejores galas.
Brazos ocupó su acostumbrado lugar junto a la pared del edificio. Su presencia, para aquellos que le vieron, empañó, en cierto modo, la alegre despreocupación de la hora.
Bess Syvertsen se hallaba allí en unión de varios campesinos, por quienes Brazos experimentó tanta curiosidad como por ella misma. Sólo necesitó dirigirles una mirada para convencerse de que ninguno de los cuatro hombres podía ser Bard Syvertsen, ni Orcutt. La quinta persona era una mujer de aspecto descarado y llamativo. Brazos la observó con interés.
