Sombreros gemelos
Sombreros gemelos —Pues..., en primer lugar, cansarla y disgustarla —respondió él dulcemente en tanto que se desprendÃa de ella y se enderezaba—. Tengo que irme, querida... Tiene usted un aspecto casi tan terrible como el que tenÃa cuando estaba caÃda en el suelo de la taberna de Hall y creà que se estaba muriendo... La he excitado demasiado.
—¡Me ha roto usted... el corazón... y me ha hecho bendecirle... por ello... y quiero...
quiero vivir!
—¡Bah! ¡Pensar que puede destrozarse el corazón de una mujer... y sacar partido de ello...! —dijo lentamente Brazos mientras es inclinaba para besarla de nuevo—. Es una cosa digna de ser recordada por un hombre como yo... Bajaré a la estación a la hora de la salida del tren para despedirla.
Bess murmuró algo en voz tan baja, que Brazos no pudo oÃrlo y sus oscuros ojos le siguieron hasta la puerta.