Sombreros gemelos
Sombreros gemelos Antes de que el grupo de caballistas se hubiera cerrado en torno a él, Brazos dirigió a la muchacha una mirada intensa y una sonrisa de gratitud por su defensa. Los grandes ojos de la joven, todavía plenamente abiertos, parecieron absorberlo. Luego, la cabalgata se puso en marcha. Brazos recobró muy pronto la serenidad. Inmediatamente pensó que la situación había alcanzado un grado de irritante complejidad. Y maldijo su suerte. Ya era bastante malo el haber caído en un estado peligroso; no había necesidad de hacerlo más peligroso aún.
Destruiría las acusaciones y en el mismo instante en que se le pusiera en libertad se alejaría de Las Ánimas.
Antes de que hubiera dado algunos pasos, un chocar de cascos y una llamada a Bodkin detuvieron a los jinetes. El ranchero, Surface, los había seguido.
—Quiero hablar unas palabras con usted, Bodkin —dijo en tanto que detenía el caballo.
—Con mucho gusto, señor Surface —contestó el agente, apresurándose a salir del grupo.