Sombreros gemelos
Sombreros gemelos Durante un espantoso instante Brazos, al comprender la catástrofe, se enderezó tan violentamente, que casi estuvo a punto de reventar a la muchacha entre los brazos.
—¡No.:. me... mates! —pudo articular débilmente la joven.
—¡Ah...! Perdóname... He perdido la cabeza... replicó Brazos con voz ahogada mientras aflojaba la presión. Pero Janis no le permitió apartarse, ni retiró la cabeza de su pecho, sino que se apretó más contra él.
—¡Oh, Brazos...! Una mujer enamorada..., aunque lo esté tan terriblemente como yo..., también tiene que respirar...
—¡Bien! No sabía que me quisieras de una manera tan... terrible.
—¡Sí, sí...! Estaba muerta de amor por ti..., ardiendo en celos..., muriendo de temor...
Pero siempre he sabido que me querías.
—¡Bien lo sé, Dios mío! —exclamó Brazos roncamente, estremecido por el horror, con una impresión de culpabilidad y de la súbita locura que le rodeaba y se apoderaba de él.