Sombreros gemelos
Sombreros gemelos Brazos recorrió el camino hasta la ciudad en actitud pensativa. Las reyertas a tiros no eran una cosa desacostumbrada. Las Ánimas no era ciertamente como Dodge o Lincoln, donde raramente pasaba el día sin que se percibiera el olor a pólvora, y donde jamás transcurría una semana sin que algún hombre mordiera el polvo con las botas en alto. Sin embargo, las noticias que Pedro le transmitió se grabaron en la conciencia de Brazos. Se dijo a sí mismo que si así sucedía, era porque durante un largo período parecía haber olvidado la relación vital que había entre los revólveres y Brazos Keene. Pero antes de que llegase a la calle principal, recuperó el sentido de su aguda percepción. Era poco más de mediodía y la calle aparecía desierta en su mayor parte; el cálido aire del otoño se extendía perezosamente por todas partes.