Sombreros gemelos
Sombreros gemelos Brazos oyó cómo el caballo de Inskip corrÃa sobre las rocas y terminaba introduciéndose en el rÃo. El tejano se dirigÃa a toda marcha a la ciudad. El rostro de Bodkin se habÃa cubierto de una horrible lividez. Barsh se estremeció y soltó la cuerda. Los demás hombres permanecieron completamente quietos, esperando que aquellas dos amenazadoras armas comenzasen a vomitar fuego y muerte.
—¡Manos arriba! ¡Volveos todos de espaldas! —ordenó Brazos con voz frÃa—.
Bodkin, ordene a sus hombres que vuelvan a montar sus caballos. Cualquier movimiento en busca de las armas significará que el primero que morirá será usted.
—Compañeros..., no puedo hacer nada... —dijo sombrÃamente el agente—. Por amor de Dios..., no cojáis las armas... ¡A caballo!
Mientras montaban con rapidez, Brazos cogió el lazo con la mano izquierda y lo enrolló sobre el arzón.
—¡Marchaos todos...! Usted irá el último, Bodkin. Y cuando lleguemos a la carretera, ordene a Segel que se adelante con su compañero.
Cuando los jinetes salieron de la arboleda, Bodkin llamó a los dos hombres que conducÃan al muerto.
—Adelantaos, compañeros..., ¡y no miréis atrás!
