Sombreros gemelos
Sombreros gemelos Un tembloroso movimiento de cabeza fue la respuesta de Brazos a aquella inquietante pregunta que siempre constituía una apasionada repudiación de sus recuerdos. Siempre había tenido la costumbre, en las horas negras, como aquélla, de buscar el olvido en la botella. Mas con aquella carta que le oprimía el corazón, con aquel pasado vivido y punzadoramente dulce, con la indiscutible prueba de que la fe de Holly Ripple en él no moría jamás, no podía mostrarse tan bajo, tan traidor. ¡No, en la hora de su remordimiento y su vergüenza! ¡Si pudiera destruir la carta y olvidar...! Pero, no; era vano e inútil.
Brazos continuó descendiendo la pendiente del camino, en dirección a Las Ánimas. No sabía a qué distancia se encontraba de la población. Su caballo estaba cansado y cojo. Aquella extensión de terrenos cercanos al Purgatorio no era rica en campos ganaderos; sin embargo, Brazos esperaba hallar alguno antes de la caída de la noche.
El sol comenzó a ocultarse, un viento helado descendió de las alturas, el serpenteante río perdió su rosado resplandor y adquirió una coloración acerada y oscura entre las dos laderas que lo cercaban. Un coyote aulló con su grito penetrante y doloroso.
