Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Los sueños de fantasía y aventura de Lucinda Baker habían sido tan secretos, que nadie pudo sospechar que existieran; pero ninguno de ellos fue tan increíble como aquel viaje real que efectuaba al Oeste para convertirse en la esposa de un colonizador. Sin embargo, le parecía que se había estado preparando para alguna aventura insospechada casi desde el mismo momento en que Logan Huett abandonó Independencia. ¿De qué otro modo podría explicarse que hubiera sido maestra de escuela a la edad de dieciséis años y que hubiese trabajado tan anhelosamente, durante las largas vacaciones, en los quehaceres domésticos? Siempre había tenido la seguridad de que Logan Huett no regresaría jamás a su región natal, de que el Oeste, el gran desconocido, lo reclamaría para sí. Por esta razón, en el caso de que alguna hubiera habido, ella se había adiestrado para convertirse en la esposa de un colonizador.
Lucinda era conmovedoramente feliz. Había dejado a su familia en buen estado económico y de salud. Y se alegraba de un modo inexpresable de poder alejarse de tantos insistentes galanteadores y pretendientes como la asediaban. Era libre para vivir a su modo, para ser la criatura medio salvaje y anhelante que sabía que existía bajo su piel. La mansa, tranquila, sumisa y poco sentimental Lucinda Baker quedaba relegada al pasado.
