Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Además, necesitamos hacer reparaciones, comprar herramientas, avituallamientos... Y, papá, es preciso que compremos un automóvil.
Algunos de esos rancheros que han llegado después que nosotros nos están ganando la partida... Algunos de ellos tienen automóviles; y otros tienen camiones. Los tiempos cambian. Vamos a sembrar en nuestro solitario desfiladero. Si tuviéramos un camión este otoño, podríamos transportar a Flagg quinientos sacos de patatas en dos viajes solamente.
La idea no sedujo a Huett, que odiaba los ruidosos carromatos sin caballos, peligrosos y malolientes, que habían comenzado a operar cambios increíbles en el campo. George alegó que su empleo obligaba a que el territorio dispusiese de mejores carreteras, y que el tiempo que economizaban valía mucho más que los gastos que representaban. Huett aprobó el proyecto de vender cierta cantidad de reses, pero se opuso al propósito de adquirir un automóvil.
—Perfectamente. Compraré uno con mi propio dinero —declaró con obstinación George—. Ya lo verás.
En consecuencia, George no regresó de Flagg en compañía de su padre y de Grant. Cuando apareció su llegada fue anunciada por unos ruidos persistentes y roncos antes de su arribada a la pendiente. Lucinda oyó que Logan reía sonoramente y que Grant lanzaba un grito de alegría, un montaraz: