Una Mujer indomable
Una Mujer indomable Era ya oscuro cuando Logan salió precipitadamente de la casita, sordo a los ruegos de Lucinda y al llanto de Bárbara, con la gruesa mano apretada contra el arrugado envoltorio del falso papel moneda, con la mente cerrada a la comprensión de lo que sospechaba que solamente podía ser una broma.
Sin embargo, su pecho parecía hallarse oprimido por un paralizante temor.
El vigilante nocturno estaba encendiendo las lámparas de la calle.
Huett apresuró más el ritmo de su paso. Halló el despacho de Mitchell vacío.
Luego recordó que el comprador de ganado y su compañero llevaban en la mano unos ligeros equipajes cuando estuvieron en la taberna. Ambos se marchaban de Flag. Un instante más tarde oyó el distante silbido agudo del tren que se dirigía al Este. Al oírlo, Logan, que no había corrido desde hacía varios años, rompió en una rápida carrera hacia la estación. Cuando llegó, iba medio asfixiado; el pecho se le levantaba al respirar lo mismo que si fuera un fuelle. Halló en la sala de espera una mujer que se encontraba ante la taquilla. Y Logan corrió al andén.
