Don Segundo Sombra
Don Segundo Sombra El sol pronto creó un vaho de evaporación sobre nuestras ropas. Me saqué el poncho, abrà mi blusa y mi camiseta, me eché en la nuca el chambergo.
La tropa olfateando el campo se hizo más difÃcil de cuidar. Iniciamos algunas corridas arriesgando la costalada.
Una vida poderosa vibraba en todo y me sentà nuevo, fresco, capaz de sobrellevar todas
[114] las penurias que me impusiera la suerte. Entretanto, la vitalidad sobrante quedó agazapada en nuestros cuerpos, pues de ella tendrÃamos necesidad para sobrellevar los próximos inconvenientes, y sin desparramarnos en inútiles bullangas, volvimos a caer en nuestro ritmo contenido y voluntarioso:
Caminar, caminar, caminar. [115]
Le saqué el freno que recién se estaba acostumbrando a cascar; le aflojé el maneador lo más posible para que bebiera tranquilo.
